martes, 25 de septiembre de 2012

Sísifo



A una calle del cielo no hay aire.
La niebla matinal de sus ojos.
El lado oscuro de su hombro desnudo.
Y la falda de su alma vintage.
Siento la falta de sentidos.
Las manos vacías de manos.
Un rayo daltónico.
Y la luz de un día de verano en la ventana.
Como un atajo sin corte.
En un plano secuencia al silencio.
Y la música de su latido, se petrifica.
Como la nobleza de sus labios.
Y las copas se consagran.
Se hacen ruido.
Ambas.
Sendas.
Y el corazón libertino de su antojo.
La coraza para uno.
Y el letrero de bienvenida recién pintado.
De madera de roble.
Y el pasadizo a su vacío.
La puerta sin hechizo.
Y de nuevo sus talones.
El paso de madrugada.
El frío de sus guantes mojados de agua sucia.
Y la escalera de ladrillos.
El amor es insensato.
Y los que lo profesan, suicidas.

domingo, 9 de septiembre de 2012

A.M

Tengo un desayuno de besos en tu nombre.
Una sonrisa de medialuna.
Y una corona de cremona
que te proclama reina de esos días desteñidos.
También tengo algo de azúcar para espolvorear tus deseos
y un poco de té para limpiar tus ojos sucios de la vecina noche.
Pero la vedette sigue siendo la mermelada que cubre tus labios
y un poco de esas lágrimas que hacen que la vida no sea sosa.
Y sin embargo, todavía no tengo manos, ni adjetivos posesivos.
Siquiera instantes.
Al menos,
guardo algún que otro amanecer que muere de pie ante tu presencia.
Sigo con mi bandeja de tentaciones.
Y un pañuelo blanco que tiene bordadas tus iniciales.
Tu tesis existencial.
Tu enigma.