martes, 17 de abril de 2012

El grito

Te otoño tanto, extraña.
Te lluevo.
Te nado.
Y me cuelgo en tu jardín.
En tu concreta babilonia.
Y en tu alma me arqueo.
Aprisionado.
Ante el espejo inmaculado
que se vuelve vela.
Con un sueño que vuela a mi espalda.
Y se escapa en una leyenda.
Te siento mía, anónima.
Te esculpo.

Y te inmortalizo en mi trofeo de vitrina.
Te siento propia
y me asfixio en tus apéndices.
Y te pretendo viajar.
Llorar.
Con tu pasión en resguardo.
Y tu decencia, que es mi sangre.
El canal hacia mi corazón.
Con un final escrito a mis pies.
Y un camino sin puertas.
Y hacia tu raíz, tu concepto.
Mujer.

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