lunes, 4 de febrero de 2013

Sansón


Puente de arena.
Tu sonrisa resquebraja mi fuerte.
Con la gloria de tu pena
y mi pequeño Sansón ilustrado que implosiona.
Para que los fantasmas lluevan de día.
Y de mi boca, rujan silencios.
Hay raíces en tu irrealidad.
Y demasiado verano para un otoño tan a poco.
Quisiera decirte tantas cosas.
Pero nuestra góndola se va de luto.
Tengo un penthouse en el olimpo de tu olvido
y tres lunares para hallarte.
Espero perderte a tiempo.
Aún confío en que nunca abras los ojos.

domingo, 6 de enero de 2013

Los inmortales


A la muerte se la llora en persona.
Con los dedos hurgando en los ojos.
Buscando preguntas.
Moviendo la cabeza entre tenazas de palmas.
Rascando raíces.
“Cariaconteciendo”.
Con los mocos trapecistas.
Y editando las lágrimas.
A la muerte se la razona.
Y también se la raciona.
Se la toma prisionera
y se la pone en juego en un escondida para uno.
La muerte se alcanza con los brazos abiertos.
Con los dedos de par a impar.
La muerte es una meta.
Como una manzana de lunes.
A la muerte se la llama vida cuando se van los invisibles.
Los que dejan huella.
A la muerte se la calla con tierra.
Y se la riega para que florezca y vuelva a ser muerte.
Sin embargo, para aquellos que no aman,
la muerte debiera estar prohibida.
Cremada.
O, al menos, un metro ochenta bajo tierra.

domingo, 4 de noviembre de 2012

domingo, 7 de octubre de 2012

Invisible

A veces el cielo.
El dulce de leche en hebras.
El hervor del sol.
El colchón de pasto.
Y una nube con forma de nube.
A veces sus ojos.
Y, a veces, Spinetta.

martes, 25 de septiembre de 2012

Sísifo



A una calle del cielo no hay aire.
La niebla matinal de sus ojos.
El lado oscuro de su hombro desnudo.
Y la falda de su alma vintage.
Siento la falta de sentidos.
Las manos vacías de manos.
Un rayo daltónico.
Y la luz de un día de verano en la ventana.
Como un atajo sin corte.
En un plano secuencia al silencio.
Y la música de su latido, se petrifica.
Como la nobleza de sus labios.
Y las copas se consagran.
Se hacen ruido.
Ambas.
Sendas.
Y el corazón libertino de su antojo.
La coraza para uno.
Y el letrero de bienvenida recién pintado.
De madera de roble.
Y el pasadizo a su vacío.
La puerta sin hechizo.
Y de nuevo sus talones.
El paso de madrugada.
El frío de sus guantes mojados de agua sucia.
Y la escalera de ladrillos.
El amor es insensato.
Y los que lo profesan, suicidas.

domingo, 9 de septiembre de 2012

A.M

Tengo un desayuno de besos en tu nombre.
Una sonrisa de medialuna.
Y una corona de cremona
que te proclama reina de esos días desteñidos.
También tengo algo de azúcar para espolvorear tus deseos
y un poco de té para limpiar tus ojos sucios de la vecina noche.
Pero la vedette sigue siendo la mermelada que cubre tus labios
y un poco de esas lágrimas que hacen que la vida no sea sosa.
Y sin embargo, todavía no tengo manos, ni adjetivos posesivos.
Siquiera instantes.
Al menos,
guardo algún que otro amanecer que muere de pie ante tu presencia.
Sigo con mi bandeja de tentaciones.
Y un pañuelo blanco que tiene bordadas tus iniciales.
Tu tesis existencial.
Tu enigma.