Quisiera que nieve en
nochevieja.
Como lo hacían mis ojos a los siete.
Y si del otro lado de tu sonrisa hay un sábado, mejor.
Todavía pienso en aquel que escribió tu nombre con “i griega”.
En las tardes de súper acción.
Y en los domingos con cara de atardecer.
Recuerdo el viejo negocio de botones.
El cultivo de la inocencia en pequeñas dosis de amor.
Al monstruo verde de la tele y al enmascarado de la sal.
Al despertador de David Robert Jones.
Mirando el planetario desde el asiento trasero de un Falcon blue.
Con un color refugiado en mis manos de tesoro.
También del miedo a morir.
Y de los ojos de fuego a la noche.
De Arslanián, Báez, Boniscontro, Cano Vázquez, Casillo, Casir.
De Castro Rodríguez, Cavalieri, Cora Bogani.
De Cortés.
De mi capacidad para almacenar datos carentes de sentido.
En mi cuarto de libra devaluada.
De el Diego, del Cani, de Bergomi y de Herzog.
Del “Mano”.
“Que divertido es…”
Del poncho pampero del escarabajo.
Y del puente chino con garúa.
De la noticia en el Maral 39.
Siempre Primero Para
Todo (PPT) en el pizarrón.
“Ground control to major Tom”.
De los boletines atascados en la
9 de julio.
Rexina.
De Facundo y de Juan.
Del Cassius Clay argento con campera verde oliva.
De las madrinas
ajenas en las camas propias.
“Qué dios te bendiga”
¿No será mejor que se olvide?
Del cumpleaños de 15 en Castells.
De Winnie Cooper y Dori Dureau.
De la voz de Mac Gyver.
Y al calor de una estufa, las medias.
De Slobulus.
“En boca cerrada no
entran moscas”.
De los veintiún
cambios de la bicicleta que nunca tuve.
De Benito Gilglins y Gino Foderone.
De los padrinos sin
magia.
De la armónica en la
playa.
“Son de plata, y de
acero”.
De Ubaldini.
Mar del plata está
cerca.
Topsy, Periquita y El
Bifacho, también.
Ocho pisos al sur.
De las botas de
lluvia amarillas.
Del Jorgito del
Abuelo
ENTEL.
De Juan Manuel
Casella y de Néstor Vicente.
Del gallito ciego.
Del arco a arco con Tincho.
Del pique.
Del Viewmaster.
¿Quién ganó la
carrera entre Leono y Cheetara?
“Cuando los pálidos
vienen marchando”.
De Garumi.
De Chatrán.
De Esteban Quito.
“Tiene la mirada de
la primer novia que nunca se olvida”.
De la amistad a pesar
del “corto”.
De los pitucones negros.
Del “villuca”.
Old Spice.
De los gatos de
Cande.
Del té con sopitas.
“Elige tu propia
aventura”.
Del chupete colgante.
De la biblioteca de
Anteojito.
Puaj.
Del truco con la
Abuela.
De los comentarios de
Amoroso y de Anuk, el esquimal.
De Capri/Yelmo y
Ultracomb con Ultracomb.
De Alfaro Moreno, el
Loco Enrique y el Gato Miguel.
“And the papers want to know whose shirts you wear”
De Fate.
Del Comequeso.
De Martín de Gainza
en febrero.
Del Serenito.
Siempre corriendo a
todos lados.
Del teclado de pie
Fun Machine.
Del 104 matiz
esperanza.
De los doscientos
gramos de pepas en el almacén de Alicia.
De la partida de
Pablito Sirignano.
Y los tres acordes de
la guitarra.
De la casa de
empeños.
De los huevos fritos
al mediodía.
Del chupi.
“Estamos fritos”.
De la juguetería
1810.
De la híper.
De la primera trompada al enano cabezón del C.
De las bolsitas de
agua en los entretiempos.
Y de las paletas fuertes sobre el labio.
Del zorrino apestoso.
De la carpa abierta y
del barro.
De Dirk Benedict.
Del triunfo en el test de Cooper.
Del record de los 391 jueguitos.
Y sus testigos.
De Haggar.
Del intercomunicador.
Y el 21 al básquet.
Del Indio.
Del Nussini, del Graffiti y del Suchard.
Del terodáctilo que se clavó de un ángulo.
De Nathán Pinzón.
De Guerra.
Del Biznike rumbo a
Lourdes
Y la copa que se
mueve en la oscuridad.
De la cancha de paddle en Alberdi.
De nunca ser un
tiburón en la pileta.
De la canasta.
Del Power TVCR.
De las cientos de
chilenas.
Del 25 de febrero
grabado en madera.
De “Margarito tereré”.
¿Y Juan Antonio Ferreyra?
De los porotos, el
secante y el frasco de Hellman’s.
De las suspensiones primarias.
Del huevo pintado de Tsingópulos.
De los espárragos servidos en la mesa.
De Chabelo.
Del silbido de
“Patience”.
De la diez siempre en la espalda.
Y del uno en el corazón.
“¿Can you hear me major Tom?”
En los bailes de sombras.
En el semáforo para turistas del devenir.
De los sanguchitos de miga para los días tristes.
¿Qué será de la vida de Man at arms?
¿Y de Evil Lyn?
¿Y de Morando?
Del día que robaron
el negocio.
De la alfombra perdida.
Del “piscongallo”.
De la caída de un muro.
De las caminadoras y
las corredoras.
De la vuelta manzana.
Del Edu Juegos.
De Tito, las basuritas y los veinticinco centavos con interés.
De los jeans azules en la cocina.
Mejor no hablar de cosas ciertas.
De la ausencia de tu existencia.
De tu equilátero.
Y de mi puto escaleno.
“Now
it's time to leave the capsule if you dare”
Quisiera que nieve en nochevieja.
Como lo hacían mis ojos a los
siete.
Y si del otro lado de tu sonrisa hay un sábado, mejor.