martes, 31 de julio de 2012

Crisálida


Sus piernas son la mitad de una verdad.
Sus tacos, pequeñas puñaladas.
Ella baila en singular.
Y en la mesa, detrás de una columna,
la espero sin su deseo.
Ella, a veces, busca el reflejo.
Yo la admiro.
Ella brilla en la marea
como el sol de las diez y cuarto.
Usa un vestido suicida.
Y en su sonrisa de vino tinto
su labio hace un pequeño doblez.
Como un barco de papel
ella flota en la cascada de su silencio.
En la inmensidad de su belleza extra brut.
Y en la muerte de la noche despierta a la luna.
Con un suspiro en forma de beso.
Con un antifaz que la protege del ojo ajeno
y la invita a volverse mariposa.
A dejar la crisálida para volar.
Al alba.

Banda de sonido de Albatros

http://www.youtube.com/watch?v=p62rfWxs6a8

miércoles, 25 de julio de 2012

6-7-8


Quisiera que nieve en nochevieja.
Como lo hacían mis ojos a los siete.
Y si del otro lado de tu sonrisa hay un sábado, mejor.
Todavía pienso en aquel que escribió tu nombre con “i griega”.
En las tardes de súper acción.
Y en los domingos con cara de atardecer.
Recuerdo el viejo negocio de botones.
El cultivo de la inocencia en pequeñas dosis de amor.
Al monstruo verde de la tele y al enmascarado de la sal.
Al despertador de David Robert Jones.
Mirando el planetario desde el asiento trasero de un Falcon blue.
Con un color refugiado en mis manos de tesoro.
También del miedo a morir.
Y de los ojos de fuego a la noche.
De Arslanián, Báez, Boniscontro, Cano Vázquez, Casillo, Casir.
De Castro Rodríguez, Cavalieri, Cora Bogani.
De Cortés.
De mi capacidad para almacenar datos carentes de sentido.
En mi cuarto de libra devaluada.
De el Diego, del Cani, de Bergomi y de Herzog.
Del “Mano”.
“Que divertido es…”
 Del poncho pampero del escarabajo.
Y del puente chino con garúa.
De la noticia en el Maral 39.
Siempre Primero Para Todo (PPT) en el pizarrón.
“Ground control to major Tom”.
De los boletines atascados en la 9 de julio.
Rexina.
De Facundo y de Juan.
Del Cassius Clay argento con campera verde oliva.
De las madrinas ajenas en las camas propias.
“Qué dios te bendiga”
¿No será mejor que se olvide?
Del cumpleaños de 15 en Castells.
De Winnie Cooper y Dori Dureau.
De la voz de Mac Gyver.
Y al calor de una estufa, las medias.
De Slobulus.
“En boca cerrada no entran moscas”.
De los veintiún cambios de la bicicleta que nunca tuve.
De Benito Gilglins y Gino Foderone.
De los padrinos sin magia.
De la armónica en la playa.
“Son de plata, y de acero”.
De Ubaldini.
Mar del plata está cerca.
Topsy, Periquita y El Bifacho, también.
Ocho pisos al sur.
De las botas de lluvia amarillas.
Del Jorgito del Abuelo
ENTEL.
De Juan Manuel Casella y de Néstor Vicente.
Del gallito ciego.
Del arco a arco con Tincho.
Del pique.
Del Viewmaster.
¿Quién ganó la carrera entre Leono y Cheetara?
“Cuando los pálidos vienen marchando”.
De Garumi.
De Chatrán.
De Esteban Quito.
“Tiene la mirada de la primer novia que nunca se olvida”.
De la amistad a pesar del “corto”.
De los pitucones negros.
Del “villuca”.
Old Spice.
De los gatos de Cande.
Del té con sopitas.
“Elige tu propia aventura”.
Del chupete colgante.
De la biblioteca de Anteojito.
Puaj.
Del truco con la Abuela.
De los comentarios de Amoroso y de Anuk, el esquimal.
De Capri/Yelmo y Ultracomb con Ultracomb.
De Alfaro Moreno, el Loco Enrique y el Gato Miguel.
“And the papers want to know whose shirts you wear”
De Fate.
Del Comequeso.
De Martín de Gainza en febrero.
Del Serenito.
Siempre corriendo a todos lados.
Del teclado de pie Fun Machine.
Del 104 matiz esperanza.
De los doscientos gramos de pepas en el almacén de Alicia.
De la partida de Pablito Sirignano.
Y los tres acordes de la guitarra.
De la casa de empeños.
De los huevos fritos al mediodía.
Del chupi.
“Estamos fritos”.
De la juguetería 1810.
De la híper.
De la primera trompada al enano cabezón del C.
De las bolsitas de agua en los entretiempos.
Y de las paletas fuertes sobre el labio.
Del zorrino apestoso.
De la carpa abierta y del barro.
De Dirk Benedict.
Del triunfo en el test de Cooper.
Del record de los 391 jueguitos.
Y sus testigos.
De Haggar.
Del intercomunicador.
Y el 21 al básquet.
Del Indio.
Del Nussini, del Graffiti y del Suchard.
Del terodáctilo que se clavó de un ángulo.
De Nathán Pinzón.
De Guerra.
Del Biznike rumbo a Lourdes
Y la copa que se mueve en la oscuridad.
De la cancha de paddle en Alberdi.
De nunca ser un tiburón en la pileta.
De la canasta.
Del Power TVCR.
De las cientos de chilenas.
Del 25 de febrero grabado en madera.
De “Margarito tereré”.
¿Y Juan Antonio Ferreyra?
De los porotos, el secante y el frasco de Hellman’s.
De las suspensiones primarias.
Del huevo pintado de Tsingópulos.
De los espárragos servidos en la mesa.
De Chabelo.
Del silbido de “Patience”.
De la diez siempre en la espalda.
Y del uno en el corazón.
“¿Can you hear me major Tom?”
En los bailes de sombras.
En el semáforo para turistas del devenir.
De los sanguchitos de miga para los días tristes.
¿Qué será de la vida de Man at arms?
¿Y de Evil Lyn?
¿Y de Morando?
Del día que robaron el negocio.
De la alfombra perdida.
Del “piscongallo”.
De la caída de un muro.
De las caminadoras y las corredoras.
De la vuelta manzana.
Del Edu Juegos.
De Tito, las basuritas y los veinticinco centavos con interés.
De los jeans azules en la cocina.
Mejor no hablar de cosas ciertas.
De la ausencia de tu existencia.
De tu equilátero.
Y de mi puto escaleno.
“Now it's time to leave the capsule if you dare”
Quisiera que nieve en nochevieja.
Como lo hacían mis ojos a los siete.
Y si del otro lado de tu sonrisa hay un sá
bado, mejor.

lunes, 9 de julio de 2012

Así comienza Albatros

Homenaje a la soledad

Al sinsabor.
A la agonía.
Al insoportable ruido del despertador.
Al bostezo que no necesita ser tapado.
Al espejo vacío.
Al cepillo sin dueño.
Al té con leche y sacarina.
A las tostadas sin queso.
A las mañanas campestres.
Al frío del hogar.
Y al polvo que se hace presente
cuando el sol entra por la ventana.
Al olvido como carta de presentación.
A la lección de anatomía diurna.
Al silencio como bandera.  
A la música para oídos sordos.
Al rock como postura.
A los desconocidos de siempre.
A los malos augurios.      
Al portero eléctrico que calla.
A la cocina rota.
A la alacena imaginaria.
Al cuarto sin entero.
Al pasillo sin desfile.
A la mesa servida de dudas.
A la infidelidad de los momentos.
A los infortunios ajenos que se hacen propios.
Al rencor en primera persona.
Al ayer como modelo de vida.
Al presente como estación de cambio.
Y al mañana como constante.
A vivir sin retorno.
A la muerte en los sueños.
Al almuerzo ejecutivo
y a su oferta en efectivo.
A la silla de enfrente como reflejo del alma.
A la boca sucia.
Al insulto cautivo.
Al atardecer en la avenida.
A las cartas suicidas.
Al objeto con valor agregado.
Al cigarrillo en secreto.
A la cerveza que cura heridas
y su inminente recaída.
A los viajes de mirada perdida.
A la vuelta de la esquina prohibida.
Al olor a tormenta
y a su consecuente estallido.
A la cama sin sábanas.
A la almohada sin plumas.
Al dos por uno junto a un desconocido.
Al amor como vedette sin tregua.
A la verdad como baluarte.
Al placer como sacrificio.
Al fútbol como pasión
y a su derrota como frustración.
A los amigos que se fueron.
A la carencia de fe.
A la inmadurez emocional.
A la familia como vieja postal.
Y a mi hija como pedestal.
Al tiempo como arena.
A las novelas que lastiman.
A las películas que riman.
Y al brindis sin cacofonía.
Al sentimiento que me obliga
a vivir sin tu compañía.
A amarte.