martes, 31 de julio de 2012

Crisálida


Sus piernas son la mitad de una verdad.
Sus tacos, pequeñas puñaladas.
Ella baila en singular.
Y en la mesa, detrás de una columna,
la espero sin su deseo.
Ella, a veces, busca el reflejo.
Yo la admiro.
Ella brilla en la marea
como el sol de las diez y cuarto.
Usa un vestido suicida.
Y en su sonrisa de vino tinto
su labio hace un pequeño doblez.
Como un barco de papel
ella flota en la cascada de su silencio.
En la inmensidad de su belleza extra brut.
Y en la muerte de la noche despierta a la luna.
Con un suspiro en forma de beso.
Con un antifaz que la protege del ojo ajeno
y la invita a volverse mariposa.
A dejar la crisálida para volar.
Al alba.

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